Ensayo

Información útil para leer en la cama


Covid: Kit de supervivencia

Como atravesar un bosque prendido fuego: así se siente el covid cuando los síntomas son “leves” y los 10 días críticos se pasan en casa. Al enfermamos, es personal el desafío de encontrar qué nos hace bien incluso si el malestar nos tumba, el delivery se convierte en nuestro nuevo mejor amigo y la casa en el búnker en el que estamos a salvo pero no solxs, porque la bestia acecha hasta debajo de las sábanas. Este kit de supervivencia contiene información útil para contener esos días de dolor, miedo e incertidumbre. Que también pasarán. Por Ángeles Alemandi.

Texto publicado el 7 de junio de 2021

Tenés Covid. Te sentís bien, al rato no tanto, a las horas aparece algo nuevo: un dolor que lo estás viendo venir por la mirilla de la puerta. Al principio es una sombra que merodea la casa, después se para en dos patas y espía a través de las ventanas, hasta que rasca con sus garras la puerta. El corazón te late fuerte, ¿es un lobo? ¿es un oso? Se siente así, como una fiera salvaje que puede atacarte en cualquier momento. Es increíble, pensás, un virus tan microscópico que ni siquiera ves, tomando estas dimensiones. Te metés en la cama, quizá si la ignorás, la bestia se va. Pero no, sin saber cómo encontró la forma de entrar, ya la sentís en tu habitación, respirando bajo la colcha, rozándote los pies. De pronto irrumpe en un brote de tos o en unas líneas de temperatura o en una jaqueca horrible. Con un poco de suerte, se va a quedar dormida sin atacarte. Con nada de suerte, el síntoma se transforma en otra cosa y mejor prestarle atención a ese bicho. Sí, siempre le dijiste bicho, ahora te das cuenta, bueno: ahí está. “Estas flaquezas de la suerte son atroces”, escribe Richard Gwyn en El desayuno del vagabundo. ¿Qué hago?, te vas a preguntar. ¿Será para preocuparse? ¿Llamo al médico, consulto? ¿Será una tontería? ¿Tendré que ir a la Guardia?

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Al día siguiente entra el sol por la ventana y estás un poco mejor y te convencés de que hoy, sí, hoy empezarás a salir, los síntomas pronto desaparecerán. Hasta que te das cuenta de que te equivocás de nuevo: la fiera ruge, nunca en la vida te sentiste así, no podés comparar con nada ese cansancio, el dolor del cuerpo, los 37.3 grados se sienten como si estuvieses atravesando un bosque prendido fuego.

La médica que te llama a diario y te hace el seguimiento considera que el tuyo es un caso leve, tal vez moderado. Eso es bueno, por eso estás en tu casa. Ante la oscuridad de las cifras de esta pandemia, ahora sólo concéntrate en esta: “la gran mayoría de las personas que se enferman de Covid no desarrollan un cuadro grave ni se mueren”, dice Ariel Izcovich, médico clínico del Hospital Alemán, metodólogo y asesor de la Organización Panamericana de la Salud. Izcovich lo traduce en números: “Lo que se está viendo en los estudios es que en aquellas personas que tienen factores de riesgo como edad avanzada o una enfermedad que los predispone a hacer un cuadro grave, la posibilidad de terminar hospitalizado por Covid es del 6 o 7%”.

Ahora que sabés eso, abrázate a la idea de que vas a estar entre ese grupo enorme de personas que sale adelante. Pero por favor, no te distraigas. Tenés que estar atento a lo que te dice tu cuerpo, al idioma del virus. Este kit de supervivencia intenta acercarte información útil para tener a mano en estos días de malestar, soledad, miedo e incertidumbre. Apenas un instructivo para acompañarte, no para darte consejos ni para reemplazar la voz de los que saben. Siempre-siempre-siempre, ante cualquier duda, tenés que consultar a un médico.

  

TEST-POSITIVO 

Te contagiaste. La pregunta no es cómo ni dónde. O en todo caso esa es una reflexión privada para seguir repensándote y repensando la importancia de asumir la cuestión doméstica en el arte de cuidarnos. Al recibir el diagnóstico la pregunta es: ¿Y ahora? Mejor no sugerirte que respires hondo, que pienses en positivo o que repitas mantras, esas estrategias pueden funcionar sólo si de antemano creés en eso.

Lo que podés hacer en principio es tomar perspectiva. 

Según la Organización Mundial de la Salud, COVID-19 es la enfermedad causada por el nuevo coronavirus conocido como SARS-CoV-2, y “entre las personas que desarrollan síntomas, la mayoría (alrededor del 80%) se recuperan sin necesidad de recibir tratamiento hospitalario”

Melisa Bonafede (40) trabaja en una despensa en Colonia Aldao, un pueblito de Santa Fe, y desde hace meses vive con las manos resecas de tanto alcohol que usa para protegerse, para mantener desinfectado el mostrador y los productos que vende. Cuando perdió el olfato se desconcertó primero y luego sintió que todos a su alrededor se preocupaban. Ni bien recibió la confirmación del test envió un mensaje de WhatsApp a familiares y amigos: 

Covid, positivo. Embarazo, negativo. Y el Covid es pasajero.

Aunque estaba asustada, nombrar de ese modo lo que le estaba pasando le permitió enfrentar con más armas lo que iba a venir. Es muy personal el desafío de encontrar qué nos hace bien. “El cuerpo está, pero la cabeza lo mueve”, dice Miriam Maidana, psicoanalista, para explicar cómo cada persona vive el proceso según su subjetividad o el momento de la vida que esté atravesando. 

Lo cierto es que todos podemos hacer algunas cosas para preservarnos, para “cuidar la cabeza”. Maidana dice: “mejor evitar lo tormentoso, apagar las pantallas, escapar a las cifras y a todo eso que nos deja cargados: incluso algunos datos indican que han bajado los posteos en Twitter donde se ve tanto nivel de agresión y muchas personas volvieron a Facebook a compartir canciones o lecturas. También ayuda evitar al amigo fatalista, así como en época de elecciones nos alejamos un poco de los que no votan igual que nosotros, en este momento preservarnos del que nos hace mal”. 

Siempre aparece alguien que sugiere que al séptimo día todo empeora o te cuenta su experiencia, que en vez de tranquilizarte te preocupa más, es muy del argentino: somos todos técnicos —opina el cordobés José Martinengo (45) mientras se recupera tras un mes de dar positivo de Covid. 

No sólo tiene razón sino que nos hace pensar en otra cosa: en este campo es mejor hablar con términos futboleros que con lenguaje bélico, ¿no? Así que, para transitar esto que recién empieza, el consejo lo da Mario Vega (67), pampeano que ya mira la enfermedad desde la vereda del mundo de los sanos: 

Como dice el Muñeco Gallardo, hay que estar siempre con la guardia alta. 

 

AISLATE,-PERO-HACÉ-RED

Ante la aparición de síntomas compatibles con Covid es importante guardarse rápido, no importa si el turno del hisopado lo tenés en 24 o 48 horas, lo fundamental es evitar estar con otros para no contagiarlos. 

Y ante el positivo, lo ideal es separarte de tus convivientes. Quienes estén bajo tu mismo techo pasan a ser casos sospechosos y también deben aislarse, pero si vos tomás distancia, pueden seguir siendo casos negativos. 

“Acá siempre aparece la inequidad y la desigualdad, porque hay personas que claramente no pueden aislarse en su propia casa, por eso en algunas ciudades se habilitan lugares para derivar casos leves. Ahora, los que tengan la posibilidad, deberían permanecer solos en una habitación: si bien la sensación es de estar preso en tu propia casa, sin poder salir de ahí, esperando que te dejen la comida en la puerta o necesitando desinfectar el baño compartido cada vez que lo usan, esta es la manera que tienen de proteger a su familia. Sino es jugar a la ruleta rusa, uno no tiene la garantía de que todos los de la casa si se infectan van a hacer un cuadro leve, y la verdad es que más allá de las personas de riesgo también se han visto casos graves en jóvenes y sin antecedentes”, opina Florencia Cahn, médica infectóloga, Presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología.

No es fácil —dice Gisela Bialle (40), desde Paraná, tras una semana de estar encerrada en su propio cuarto, pero con mi marido decidimos que era lo mejor. A veces escucho que mis hijas hacen la tarea y no entienden una consigna y desde acá les grito cómo resolverla, o les mando audios para ayudarlas. Como mi ventana da al patio, las veo cuando salen a jugar y ellas no dejan de preguntar cuánto falta. Creo que hicimos lo correcto, mi caso es leve pero no todos reaccionamos igual y eso es lo que a mí me carcome la cabeza.

En un cuarto o en tu casa, ¡no estás solo! Recordalo. Más allá de padecer este virus, cualquier persona que atravesó un proceso de enfermedad puede decir lo importante que es sentir cómo los otros nos contienen, nos acompañan. Pero en esta situación, donde además no vamos a poder salir, es fundamental que sepas que aún si ese círculo de confianza flaquea, la red se puede ampliar de otro modo: conseguí el número de teléfono de la farmacia de tu barrio, del almacén e incluso de la rotisería. El delivery hoy también es un amigo fiel.

 

 ESTRATEGIA-SALVAVIDAS

Sólo un médico puede darte respuestas que te tranquilicen, que te hagan sentir cuidado.

Es clave que puedas estar en contacto con un profesional de la salud y que se comunique con vos a diario para saber cómo estás. Que haya alguien del otro lado de la línea (¡no un bot!) que te pueda escuchar y registrar tus necesidades. Cada provincia determina cómo se realiza este acompañamiento, a veces son doctores que designa el sistema público o las obras sociales. Ni bien te llamen para darte la noticia del positivo consultá esto para saber desde el día uno quién te guiará en este camino pantanoso.

Bibiana Vitale (54) ya no tiene ganas de amasar la arcilla. Es docente, vive en General Pico, La Pampa, y cuenta que al principio, ni bien se enteró que tenía Covid, se sentía bien, creyó que la enfermedad sería leve, pero luego empezó el cansancio, la fiebre. Recibía a diario el llamado de una médica del Comité de Operación de Emergencia, y ante la menor duda la profesional enviaba una ambulancia para que la chequearan en domicilio. 

La tercera vez que me visitaron fui derivada al sector modular del Hospital Centeno dice ahora, dos meses después, ya con un tono vivaz en su voz pero aún sin reencontrarse con su energía ni con sus cerámicas, son como contenedores marítimos donde evalúan a pacientes con COVID, allí permanecí 24 horas y después de varios estudios me diagnosticaron neumonía, pero al no necesitar internación, regresé a casa. Voy a estar siempre agradecida por ese seguimiento constante.

La comunicación cotidiana con los pacientes “es una estrategia salvavidas”, opina Pilar Galende, médica clínica de Santa Rosa, La Pampa, que trabaja en el Centro Emergente de Asistencia Respiratoria, y también hace seguimiento de casos y visitas a los pacientes. Galende dice que no sólo produce alivio explicarle al otro lo que le está pasando, sino que así también se detectan a tiempo síntomas que podrían generar complicaciones.

Ese vínculo con el especialista debe estar basado en la confianza, aunque sea en un tiempo acotado, así que no necesitás ocultar nada, y si en algo no estás de acuerdo, lo podés decir. 

¿Automedicarte? Nunca. Podrías tapar el síntoma o demorarte en hacer una consulta importante. Nada de antigripales, mucolíticos o antibióticos por tu cuenta. Si de acuerdo a tu caso debés tomar algún remedio, el médico te lo informará luego de evaluarte por teléfono o en una Guardia.

Yo me sentí desamparado dice el cordobés José Martinengo que no sabe lo que es estar enfermo: en 22 años de trabajo apenas se tomó una semana por una cirugía de vesícula- porque una vez que me confirmaron el positivo, el COE no me contactó más. Llamé a mi obra social para activar el seguimiento y me dieron un turno para una semana después, consulté en un Centro Médico y me querían cobrar seis mil pesos diarios para hacer el acompañamiento. Uno no sólo se siente mal, sino que está rodeado de malas noticias, escuchás que personas jóvenes se mueren… Al octavo día de estar cursando la enfermedad empecé con mareos. Aún teniendo a mi padre que es médico, me quedé esperando respuestas a través de la APP CUIDAR, del Sistema de Salud de mi provincia, sin poder creer la falta de respuesta de mi obra social.

Lo que le pasó a José enoja. Más que enojar, duele, porque al malestar se le suma la incertidumbre y crece la angustia. 

Érica Mux es médica clínica del Hospital Santojanni y además trabaja para una obra social haciendo seguimientos. Se comunica a diario con casi 40 pacientes de CABA y Buenos Aires: los llama, responde a cualquier hora los mensajes, o hace videollamadas para que la sientan más cerca, aunque sabe que lo ideal sería poder revisarlos, auscultarlos. Su teléfono suena a toda hora: emite pedidos de internación, le ingresan imágenes de tomografías que solicitó, está más pendiente de algún caso que le genera preocupación. Y aunque por momentos siente que no puede más, dice que todos los pacientes deberían estar acompañados.

 

 NO-DESAFÍES-AL-VIRUS

Si el cuerpo necesita recuperarse, escúchalo, descansá.

No es momento de exigir al organismo. Estar en casa no significa que ese tiempo se debe aprovechar para hacer aquello que tenés pendiente hace rato, como acomodar el placar. “En todo proceso patológico, para salir adelante es saludable dormir, que la mente también descanse y gastar la menor cantidad de energía posible”, opina Galende.

Lo más importante es trabajar la no sobreexigencia dice el periodista Santiago Rey (49) desde Bariloche-, en un momento te sentís mejor y querés hacer algo y te das cuenta de que no podés. Cuando uno cursa una gripe quizás lee o mira alguna películas, pero esta vez no pude nada. No te da el cuerpo, ni la cabeza.

Los días que Santiago convivió con el virus fueron largos. Aunque jamás tuvo síntomas graves, ese lugar en el que nos pone la enfermedad, donde nos despersonalizamos y nos desconocemos en la desesperación del malestar, lo llevó a pensar en la muerte. Quizá fue por eso, por escapar a esa ave rapiña, ni bien creyó que estaba saliendo, quiso sentirse de nuevo activo. Y el cuervo le comió los ojos. 

Rebecca Lara (17) está cursando el último año del secundario. Cuando un par de semanas atrás el test de Covid le dio positivo no imaginó que el virus la dejaría cinco días en reposo, aturdida de tantos vómitos y diarrea, sin apetito, sólo con ganas de dormir. La joven santafesina dice que trató de mantener la calma para no preocupar más a su mamá. Puede ejemplificar en un línea hasta qué punto el virus te deja literalmente de cama:

—Esos días ni siquiera toqué el celular.

A veces, quedarnos quietos nos conecta con lo más oscuro de nosotros, nos sentimos vulnerables. Alexandra Kohan, psicoanalista, opina que “la fragilidad tiene mala prensa, necesitamos habitarla, entenderla no como debilidad, sino como límite. Queremos volver pronto a la productividad, somos nuestro propio jefe, tenemos un super yo enorme, nos es imposible parar. Y no se puede hacer como si la enfermedad no existiese”.

 

 NO-TE-DEJES-ENGAÑAR

Volviste a mirar por la mirilla de la puerta y te da la impresión de que ese animal horrible ya no merodea los alrededores. ¿Se fue? ¿Ya no regresará? 

Cristian Alarcón (50), director de esta revista, está atravesando por segunda vez la enfermedad. En agosto del año pasado le confirmaron que tenía el virus, diez meses después le volvió a pasar. En la primera ola su vivencia fue cercana a la de los asintomáticos, esta vez es distinto.

Esta vez es un proceso sinuoso, laberíntico. Me impresiona el avance y el retroceso. Por momentos sentís un dolor de garganta, una tos muy fugaz que de pronto desaparece, y a las cuatro horas te voltea la fiebre. Hubo mañanas espléndidas que me levanté sintiéndome bien, me tomé un té, leí el diario, casi una epopeya, para caer de nuevo a la tarde con una febrícula arrasadora dice Cristian ahora desde el campo, donde 31 días después del positivo se refugia en el intento de recuperarse.

Verdadero: los síntomas pueden variar día a día, a veces en cuestión de horas. Por lo general podés presentar dolor de garganta o de cabeza, malestar muscular, pérdida de olfato y de gusto, dolor abdominal, diarrea, vómitos. También se ven otros síntomas que no son signos de sospecha de Covid, pero que son referidos por algunos pacientes, como por ejemplo: dolor de oído o conjuntivitis. La congestión nasal también estaba en este último listado, pero recientemente el Ministerio de Salud de la Nación comunicó que incluye a la rinitis como síntoma de alerta. 

Y si bien en algún momento de tu vida quizá tuviste algo de todo esto, podés sentirlo como nuevo: “algunos pacientes incluso refieren que la congestión es diferente, como si los hubiesen inflado por dentro, sienten que la mucosa nasal se hincha tanto que no pueden respirar”, explica Erica Mux, la médica clínica y neumonóloga del Hospital Santojanni.

¿Las características de la enfermedad son similares a la primera ola? Mux, que además de hacer guardias en el hospital, está en el corazón de esta pandemia, hablando permanentemente y desde hace meses con casi 40 pacientes por día (cuando da un alta, la obra social le asigna un nuevo caso), opina que está viendo cosas distintas: “el año pasado uno ya sabía que aparecían algunas complicaciones entre el quinto o el séptimo día, ahora se dan más llegando al final, quizá cerca del décimo día aparece la fiebre, o la tos, la dificultad respiratoria, y hay que estar muy atento todo el tiempo porque una no sabe cómo va evolucionar”.

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 ¿QUÉ-NOS-DICE-LA-FIEBRE-

Si tu temperatura está por encima de 37.8, hablamos de fiebre, sino es un estado subfebril. “Más allá de los picos aislados, tenés que estar atento si la fiebre es persistente, porque en esos casos puede estar manifestando un signo de infección que es necesario controlar. Ahí sería importante comunicarte con el médico que te está haciendo el seguimiento para que él evalúe si es necesario que un profesional escuche tus pulmones o si es importante hacerte otros estudios”, dice la médica pampeana Pilar Galende.

Empecé con chuchos y escalofríos, al cuarto día apareció la fiebre y se mantuvo seis más. Tengo una tía médica que me llamaba todo el tiempo y me indicó qué tomar y mi compañero me preparaba tecitos mágicos de jengibre. Esperaba como una adicta que sea la hora del analgésico dice Belén Besouro (38 años), desde el barrio de San Telmo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el recuerdo aún estampado en la piel de esos días de Covid y fiebre. 

Mientras estás en casa, asegurate de tener paracetamol o ibuprofeno a mano, esta medicación te permitirá sentirte un poco mejor. El médico te indicará cómo administrar las tomas. La fiebre implica una desregulación del termostato y genera reacciones en el cuerpo como tensión muscular o escalofríos que le permiten al organismo que suba la temperatura, entonces los antiinflamatarios van a apaciguar esos dolores.

También podés abrazarte a las estrategias caseras: darte baños tibios, ponerte paños fríos en la frente, tomar mucho líquido. Pero de nuevo: tenés que escuchar lo que te indica tu cuerpo, mirá siempre a la fiera a los ojos, no le tengas miedo, recordá que es mejor ocuparse que preocuparse. 

  

 LA-FALTA-DE-AIRE

Si te agitás para ir al baño, si al decir una oración tenés que hacer una pausa porque no te alcanza el aire, si la tos no te deja hablar de tan persistente, entonces:

PLAN A: consultá a tu médico.

PLAN B: intentá conseguir un saturómetro, que es un dispositivo que se coloca como pinza en un dedo de la mano e indica el nivel de oxígeno en sangre. Lo podés comprar en la farmacia, pedir prestado a un amigo que ya lo tenga, a veces lo proveen los mismos equipos de salud. 

La sensación de no tener aire la tuve primero en las piernas, como que no me llegaba vitalidad, después abría la boca en forma desmesurada, daba bocanadas buscando llenarme de aire y sin embargo nunca tuve baja la saturación dice Santiago Rey, que ante el episodio lamentó no tener saturómetro. Santiago llamó al área de Emergencias en Bariloche.

Las opiniones médicas se dividen entre quienes consideran que el saturómetro puede obsesionar a los pacientes y subirles los niveles de ansiedad en lugar de tranquilizarlos, y quienes entienden que es útil. 

A Santiago Rey la enfermera le dijo que no se lo comprara. A Cristian Alarcón, en cambio, la infectóloga que siguió su caso por whatsapp desde los primeros síntomas le recomendó hacerse de uno cuanto antes. “Mi consejo es que nunca lo pidan por Mercado Libre, porque a veces no tenés tiempo para esperar que llegue. Me demoró más de 48 horas y llegó dos horas después de mi primera crisis respiratoria. Cuando te sentís mal, tener ese dato es clave para darle una noción al médico de qué te está pasando." Muchas veces el ahogo desconfigura, por eso los movimientos deben a ser calculados, lentificados. No hay energías que perder, mejor hablar poco, administrar hasta las palabras, escribir mensajes breves.  

 

Por momentos el virus pareciera tranquilizarse para volver con mayor fuerza. "Como en un laberinto, te agarra por sorpresa”, explica Alarcón, que al octavo día amaneció bien, tuvo ánimo para ordenar el cuarto, hacer la cama y tomar una ducha. Pero en la ducha le empezó a faltar el aire, tuvo que correr a acostarse, otra vez el saturómetro midió menos de 90. “La médica me explicó que el agua caliente podría haber provocado la vasodilatación.”

—Tuve miedo a la muerte, un miedo físico que no registraba desde que investigaba los escuadrones de la muerte de la Bonaerense dice Cristian. 

Ariel Izcovich, el médico asesor de la OPS, ante consultas de sus pacientes que se sienten mal, con fiebre persistente, tirados en la cama, que no se pueden levantar, él recomienda que usen el oxímetro. Según el profesional, el dispositivo tiene varias ventajas: “hay personas que se asustan y creen que les falta el aire y en realidad es porque están ansiosos y el saturómetro sirve para objetivar si realmente hay un fundamento fisiopatológico o no y por otro lado hay personas cuyos pulmones empiezan a fallar pero no se dan cuenta y eso lo vemos con bastante frecuencia, no sienten falta de aire y sin embargo se detecta que no saturan bien”.

El oxímetro tiene una pantalla digital que arroja un dato cuando presiona tu dedo: si marca por debajo del 94% de porcentaje de oxígeno en sangre, necesitas atención inmediata.

 

 EL-FANTASMA-DE-LA-NEUMONÍA

Llega un momento en el que me tengo que sentar dice ahora Natalia Tisera (41), desde Mendoza. 

¿Te pasó? Un acto cotidiano repetido infinidad de veces de pronto es la señal de que todo está mal, de que una debe detenerse, frenar. El único apuro es ese, no se puede llegar tarde a ningún lado. No hay otro lado, sólo está la silla. La silla y ese dolor muscular que a Natalia la desenfoca, un cansancio que no conocía. Es locutora de radio, el 7 de mayo le dijeron que el PCR era positivo. Se lo dijeron a ella y a 22.551 argentinos más. Después, dice Natalia, vino el dolor de cabeza, la fiebre, la neumonía. 

No te olvides: el SARs COV 2 es un virus respiratorio, el sitio de impacto inicial es el pulmón, produce una inflamación difusa del tejido pulmonar que genera los síntomas más comunes de este virus. “El 55% de las personas que tienen Covid sufren algún grado de compromiso pulmonar demostrado por la tomografía de pulmón, aún cuando no tengan una neumonía declarada”, explica Alejandro Videla, neumonólogo del Hospital Austral.

Ante la tos, no tenés que asustarte. Ésta se produce como un mecanismo de defensa cuando el pulmón está inflamado o irritado. Es muy común para los pacientes con Covid, pero “como la gran mayoría de los casos de Covid son leves, en la gran mayoría de las personas la tos se resuelve espontáneamente”, dice Videla.

Si tenés asma, te espera una buena noticia: es una enfermedad que no se asocia ni a mayor riesgo de contagiarte ni a peor evolución del Covid. Los estudios realizados en este tiempo han demostrado que las personas asmáticas se comportan parecido a las personas que no tienen enfermedades de riesgo.

¿Te preguntás entonces si sos paciente de riesgo? Deberías entrar en este grupo si tenés más de 60 años, obesidad, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, sos diabético, hipertenso o tus defensas están bajas.

El dato pálido: no tener ninguna de esas comorbilidades no es para despreocuparse. “No sabemos con claridad si tiene relación con la presencia de las nuevas variantes, pero estamos viendo con más frecuencia personas que no están en grupos de riesgo, personas jóvenes, sin enfermedad preexistente, que pasan muchos días en terapia intensiva, con riesgo aumentado de fallecer también”, dice Alejandro Videla..

Acordate que tenés que estar alerta a la dificultad respiratoria, al dolor torácico, a la persistencia de la fiebre durante varios días y sin bajar de 38 grados, a la sensación de desorientación y a la caída en la medición de la saturación de oxígeno.

Empecé a sentir mucho dolor muscular, tanto que no podía estar parada. Tenía un malestar general que no se parecía ni al cansancio ni al agotamiento. Cuando hice febrícula supe que estaba al horno. Al otro día me hisopé y dio positivo. Veinticuatro horas después empecé con la tos seca y la médica que me hacía el seguimiento me mandó a hacerme una tomografía: tenía el pulmón izquierdo afectado pero lo tomaron muy a tiempo y me medicaron rápido cuenta Natalia.

La neumonía es una infección en los pulmones. Estos órganos están formados por dos tipos de tejidos: las vías aéreas de conducción que llamamos bronquios y los alvéolos que cumplen la función de oxigenar la sangre. Cuando los alvéolos se infectan, se llenan de moco y pus, generando el cuadro clínico de neumonía. “La mayoría de los pacientes que se internan por Covid tienen neumonía, diría que es entre el 80 y 90 por ciento”, dice Videla, por eso, como siempre en temas de salud, es importantísimo el diagnóstico precoz.

Al igual que Natalia, podés cursar la enfermedad en casa, bajo medicación y supervisión médica. Pero tenés que saber también que la recuperación es lenta y va a superar el tiempo del alta epidemiológica. Cuando a Natalia le avisaron que ya podía salir a la calle, que no contagiaba a nadie, que hasta ahí llegaba el seguimiento, necesitó buscar otro médico que la acompañara. Aún tenía los pulmones atravesando la infección y sentía debilidad en los músculos, caminaba con inseguridad, se acostaba boca arriba y se despertaba boca arriba, incapaz de moverse. Le dolía hasta la piel. No podía ni acariciarse, como si el contacto con su propia mano la fuera ajando. Lo llamaba al marido, le decía: “vení, mírame la espalda, decime si tengo moretones”. No tenía nada. 

 

 

¿Tenés jaqueca? 

Un estudio reciente realizado por la Sociedad Neurológica Argentina acerca de Manifestaciones neurológicas por Covid 19 en nuestro país (que evaluó a 817 pacientes, con una edad promedio de 38 años y la mayoría sin comorbilidades ni patología neurológica previa) concluyó que el primer síntoma de la infección en el  56,2% de los casos fue neurológico. Y el 69% dijo haber tenido cefalea.

Quizá ya lo sabés, no es un dolor de cabeza común: “cuentan los pacientes que sienten la molestia detrás de los ojos, que empeora cuando se agachan, que molesta la luz, los ruidos y que para muchos se vuelve incapacitante”, dice Mariana Bendersky, médica neuróloga del Hospital Italiano, que dirigió la investigación de la SNA. También dice que no es para que te preocupes: “no indica que algo malo va a pasar en el cerebro”, pero si no podés calmar el dolor, estaría bueno que hagas una consulta porque la medicación que se suele indicar a veces no alcanza y tal vez necesites algo más fuerte.

Una cosa loca que hace este virus, también explica Bendersky, es que produce una "hipoxemia feliz". Algo de esto ya lo hablamos: ocurre cuando baja mucho el nivel de oxígeno en la sangre y el paciente no se da cuenta. Antes lo relacionamos con los pulmones, ahora con tu cerebro: “esa caída en la saturación puede traer consecuencias en el futuro, por ejemplo ‘niebla mental’, es un síntoma que da la sensación de desconcentración, como ir a la cocina y al llegar no saber qué ibas a buscar”.

No es para asustarte, no es frecuente que suceda, pero estando en tu casa, ante la respuesta inflamatoria que hace el cuerpo por el virus (los médicos la llaman “tormenta de citoquinas”), el dolor de cabeza puede aumentar o provocar una encefalopatía. Tal vez se den cuenta antes los que te rodean: “el paciente se siente muy confuso o muy excitado, o entra en un estado letárgico y no lo pueden despertar o bien tiene reacciones que nos hacen creer que no está en sus cabales”, informa la médica neuróloga. Ante esta situación la consulta al médico no se debe demorar. Lo mismo si en algún momento percibís que se duerme una parte del cuerpo o un órgano pierde su función, como dejar de escuchar.

Una mañana, siete días después del hisopado, José Martinengo se levantó de la cama y cuando intentó caminar se fue contra la puerta, no podía mantenerse en pie. Hizo un episodio de vértigo y fotofobia, del que aún no se repone. Sigue sintiéndose mareado, abombado, como si los ojos no acompañaran el movimiento del cuerpo. Hoy espera los resultados de un estudio de mayor complejidad para luego consultar al neurólogo y tratar de entender qué hizo en su organismo este virus.

El lobo a veces aúlla de un modo que -aun creyéndolo lejos- nos pone los pelos de punta.

Diego Appendino (44) es abogado y vive en San Justo, Santa Fe. Aún se cuida de los esfuerzos que implica hablar, pero escribe por WhatsApp: “Me dieron varios medicamentos para tomar, pero no podía tragar. En la garganta tenía como llagas, hasta el agua me dolía al tomar. Dejé de comer. No dormía de noche ni de día. Me debilité al punto de perderme. Mucho no me acuerdo, pero según mi mujer no podía ni hablar. No estaba en mis cabales”. Su médico de cabecera, quien le hacía el seguimiento por Covid, pidió automáticamente la internación ante la sospecha de una complicación del sistema nervioso. 

Según el estudio que realizó la SNA, después de la cefalea, el síntoma más referido es el de la pérdida de olfato o gusto, se da en un 66% de la muestra. También se reportaron 52% de dolores musculares, 18% sufren dolor de la piel ante cosas que no deberían doler, como el roce de las sábanas o ponerse cremas y 6% de las personas refieren debilidad muscular. En porcentajes muchos menores, un 3,2% mostró compromiso difuso del sistema nervioso central como encefalopatía o convulsiones, un 1,7% tuvo complicaciones cerebrovasculares. Los trastornos del sueño se observaron en 3,2%. Se reportaron seis pacientes con síndrome de Guillain-Barré (GBS), 3,4% de casos de neuropatía periférica, 0,6% de parestesias en lengua, 0,4% de hipoacusia y 0,3% de plexopatía.

 

 

Primero lo primero.

Cuando hablamos de mutación “nos imaginamos monstruos, cosas terribles”, dice Jairo Méndez-Rico, asesor en Enfermedades Virales Emergentes, en una charla abierta organizada por la Organización Panamericana de la Salud. En verdad, una mutación es un cambio biológico-químico que ocurre en el material genético y se refleja en la estructura de un virus. Es frecuente y esperable que se den estas variaciones en la evolución de los virus, incluso estos días se está hablando de otra: la variante vietnamita. 

Ciertas mutaciones hacen que el virus se muera, la mayoría resultan neutrales y algunas pueden darles ventajas, como una mejor capacidad para entrar a las células y replicarse o escapar de la respuesta inmune, ya sea natural o adquirida por la vacuna.

Algunas variantes generan interés, por lo que se empiezan a vigilar más de cerca, otras son consideradas variantes de preocupación y en este momento son cuatro. Éstas se detectaron inicialmente en Reino Unido (B 1.1.7), Sudáfrica (B.1.351), Brasil (P.1) e India (B.1.617). Méndez-Rico, experto de la OPS, asegura que 37 países de América han confirmado al menos una de estas variantes. De la que menos información se tiene es de la que se detectó en India, aunque en nuestro país ya se informaron al menos dos casos y ya se detectó la circulación de las otras tres.

Según los expertos que realizan la Vigilancia Genómica de COVID-19, las variantes de preocupación han demostrado mayor capacidad para transmitirse, pero no son más agresivas o severas.

“La mayor transmisión te hace un lío -dice Analía Rearte, Directora Nacional de Epidemiología e Información Estratégica del Ministerio de Salud de Nación- porque las medidas no alcanzan para frenar la circulación. Y al tener más cantidad de casos, aumenta la cantidad de personas graves y de fallecidos. Si bien no se ha demostrado que estas variantes sean más letales, al ser más transmisibles ya indirectamente producen más mortalidad: el porcentaje de pacientes graves es un número absoluto ante 100 casos pero si tenés 10 mil es mucho más grande.”

De acuerdo a la información publicada en los fundamentos del DNU 334/2021 publicado en el Boletín Oficial ante el confinamiento dispuesto a partir del 21 de mayo, “actualmente más del 50% de las personas que ingresan a UTI fallecen, y de los mayores de 60 años que requieren asistencia respiratoria mecánica, aproximadamente el 80% fallece”.

También es cierto que, según un estudio de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva realizado el 16 de abril de este año y que representaba 3.332 camas a nivel país, el promedio de edad de los pacientes internados es de 53 años. 

“Si bien la evidencia no habla de mayor agresividad, a mí me gustaría saber qué variantes tienen los pacientes a los que les hago los seguimientos, porque los síntomas no son iguales que en la primera ola, la afectación pulmonar se ve más agresiva y se detecta mucho más en jóvenes que no tienen ninguna comorbilidad, se ven situaciones mucho más complejas”, dice Erica Mux. Lo pasa en limpio a partir de sus propias valoraciones cuantitativas: el año pasado, acompañando a la misma cantidad de pacientes diarios, la médica solicitó internación para no más de siete personas; en este momento solicita hospitalización para cinco, seis y hasta siete pacientes por semana.

El DNU dice que en el AMBA más del 50% de las muestras secuenciadas correspondieron a nuevas variantes consideradas de preocupación, y que en las regiones Noreste, Noroeste, Cuyo y Sur del país estas variantes representan entre el 20% y el 30% del total.

 

 

Listo, podés dar fin a tu aislamiento. De todos modos, no pierdas de vista que el alta epidemiológica contempla el tiempo en que una persona deja de contagiar la enfermedad, pero no necesariamente coincide con el alta clínica, esto depende de cuándo volvés a estar realmente bien y si ya no necesitás seguimiento médico. 

Sin dudas tenés unas ganas tremendas de al menos dar una vuelta a la manzana. Y no es momento de contagiar malas vibras, pero lo que está por venir no será todo color arcoiris. Puede pasar que aún estando de alta sientas que hay síntomas que siguen dando vueltas. Melisa, José, Natalia, Santiago, Bibiana, Cristian, Diego tienen el alta epidemiológica, pero en mayor o menor medida siguen con la fiera a sus pies. A veces la sienten como un pequeño roce, de momentos se olvidan que está ahí, de a ratos los rasguña. Se llama “Covid prolongado”. 

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Ya en septiembre del año pasado la OMS publicaba un informe titulado Lo que sabemos sobre los efectos a largo plazo del Covid-19 y daba cuenta de que “en algunas personas, algunos síntomas pueden persistir o volver a aparecer por semanas o meses luego de la recuperación inicial. Esto también puede ocurrirle a personas con una enfermedad leve”. Los síntomas persistentes manifestados por participantes de una encuesta telefónica realizada en varios estados de EEUU fueron: fatiga crónica; tos, congestión o dificultad para respirar; pérdida del gusto o el olfato; dolores de cabeza y cuerpo; diarrea, náuseas; dolor de pecho o abdominal; confusión denominada 'niebla mental del Covid'.

En marzo de este año un nuevo estudio salió a la luz en MedRxiv, un sitio que publica artículos científicos antes de que hayan sido evaluados por sus pares. De acuerdo a estos datos relevados en el estado de California, y al análisis de expedientes médicos electrónicos de 1407 personas que dieron positivo por coronavirus, se concluyó que más de sesenta días después de estar infectadas, un 27% de personas aún lidiaba con síntomas pos-Covid 19.

Los resultados del estudio de la Sociedad Neurológica Argentina también muestran que “los síntomas neurológicos menores que se presentan ante este virus pueden sostenerse alrededor de doce semanas”.

Así que paciencia.

Esperá, ¡algo más antes de que corras a la calle! En este momento, más que nunca, sería bueno repensar la importancia de tener un médico de cabecera o de familia, algo que quizá sigue siendo común para las personas que viven en ciudades pequeñas o pueblos y tienen su médico de toda la vida, y que no pasa en las grandes urbes. “Cuando uno es chico tiene su pediatra –dice Mux–, de adultos nos despreocupamos, y sólo vamos a la guardia para resolver problemas del momento. Dejamos de ver lo importante que es tener un médico que nos conozca, con el que ya tenemos un vínculo, que nos pida chequeos de rutina por prevención”.   

Así que pensalo, es fundamental que tomemos conciencia que esto también es parte de cuidarnos, en especial en el mundo que vivimos hoy. 

 

 TENGO-ANTICUERPOS

Quizá lo que habría que revisar es si sirve de algo la pregunta.

Un documento publicado en mayo de 2021 por el Ministerio de Salud de nuestro país, titulado Consenso sobre el uso de pruebas diagnósticas para SARS-CoV-2, explica que la mayoría de las personas que cursan una infección por Covid desarrollan anticuerpos específicos contra este virus (IgM, IgG e IgA) y dice que “estudios realizados en nuestro país han mostrado que el 50% de los individuos infectados presentan anticuerpos a la semana de infección y ese porcentaje supera el 90% después de la tercera semana”. 

En relación a los niveles de anticuerpos, existen numerosos estudios que muestran que éstos son mayores en los pacientes con sintomatología más severa y menores en los casos más leves o asintomáticos.

Lo que sigue siendo objeto de estudio es el tiempo de persistencia de estos anticuerpos. Los datos del Ministerio de Salud determinan que las investigaciones realizadas en barrios vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires “han mostrado una duración de los anticuerpos de al menos seis meses en el 92% de los casos estudiados. Por otro lado, una revisión que evaluó la duración de la respuesta  inmune después de la infección por SARS-CoV-2 identificó cinco estudios que hallaron respuestas de más/menos seis meses post-infección, incluidos dos estudios de más/menos 8 meses”.

Pasado ese tiempo, la gran incógnita es si puede haber reinfección. La Directora Nacional de Epidemiología, Analía Rearte, opina que en este caso “necesitaríamos comparar las variantes: la de la primera infección con la segunda, para después secuenciarla, y en general este dato no está guardado”. 

 

Se está desaconsejando que después de atravesar la enfermedad te hagas este análisis. “De Covid hay que cuidarse todo el tiempo, no podemos creer que los anticuerpos (ya sean adquiridos de forma natural o por la vacuna) nos van a permitir relajarnos”, sostiene Rearte.

Así que seguí haciendo las cosas bien: usá barbijo, respetá la distancia social, y cuando te toque tu turno, ponele el hombro: “Todas las vacunas que se están usando en la Argentina son seguras y eficaces, tan eficaces que previenen entre el 98 y 100% de las formas graves y muertes por Covid, la diferencia entre vacunarse y no vacunarse es la diferencia entre vivir y morir”, concluye Florencia Cahn.

  LA-VIDA-QUE-QUEREMOS-

Seguro durante todos estos días te sentiste pequeño, indefenso, te preguntaste si la vida es esto, si estás haciendo las cosas bien, si no deberías asumir la finitud para disfrutar más de lo cotidiano, del ahora. 

Tal vez por tu cabeza giran pensamientos como estos:

–La enfermedad te vacía. Los días que estuve en un hotel desde donde me monitoreaban, miraba por la ventana y pensaba sólo en irme: afuera va la vida, adentro no sabés... –dijo Mario.

–El virus te mina la moral, te da un cachetazo, te recuerda que no sos nada –dijo Cristian.

Si la experiencia te dejó en pausa, quizá funcionó como límite para hacerte algunos replanteos. O tal vez ya habías aprendido que esos discursos que aseguran que todo es posible, que hay que seguir adelante como sea, que sos omnipotente, no funcionan. Aquí entran en juego las singularidades. Y cómo te apropies de esta experiencia dependerá de vos. ¿Cambiará algo en tus decisiones después de esto? ¿O cuando la pandemia pase vas a olvidarte de las cosas que ahora te prometés modificar?

El futuro está un paso más adelante.

Hoy, aferrate a lo que te hace bien. De algún modo todos lo estamos haciendo: “hay algo de este momento que implica una transición no sabemos hacia qué, pero es un momento de quiebre -dice la psicoanalista Alexandra Kohan-. Muchos de nosotros sufrimos pérdidas en pandemia, y hablar de perder no tiene que ver sólo con la muerte,  sino con que terminamos algunas relaciones, nos peleamos con amigos o algunos vínculos se empastaron. Hubo una confrontación tan evidente y hay tan poco contexto para hacernos los distraídos, que nos dimos de frente con cosas que no nos gustaban radicalmente. Fueron rupturas muy dolorosas y al mismo tiempo lo que quedó es mucho más genuino y amoroso. Sentimos que no hay nada en este momento que esté en nuestras vidas y que no querramos”.

 

Si llegaste hasta esa oración final, ya está. Y sino, andá por eso.

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Fecha de publicación: lunes 7 de junio de 2021.