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Ensayo

Maria Lugones: Peregrinajes


Caminante no hay camino

La publicación de “Peregrinajes” (Ediciones del Signo) introduce por primera vez el pensamiento de la filósofa feminista decolonial María Lugones al público hispanohablante. Gabriela Veronelli -su amiga y discípula –participó y fue testigo fiel de la curación del libro. En este prólogo realiza un repaso por la obra de Lugones y resalta la importancia de que su teoría llegue a otras tierras, nutriendo los debates de la enorme heterogeneidad feminista en clave interseccional.

María Lugones estaba entusiasmada con la traducción de Peregrinajes y la circulación en castellano de su obra de los 80 y 90. No por fama académica, cosa que no le importaba, sino por la integridad y coherencia de su pensamiento. Me dijo una vez en la intimidad de una charla personal que se lamentaba de que la mayoría de quienes leían, estudiaban y discutían su colonialidad del género, no tuvieran acceso y desconocieran su trabajo sobre coalición y resistencia a múltiples opresiones. En parte, me explico ese sentimiento suyo en lo que le cuenta a Mariana Ortega cuando dice: “Me moví de los feminismos de mujeres de color en los EE.UU. a los feminismos decoloniales sin perder el lazo que los une, intentando mantener la sustancia de los feminismos de mujeres de color y encontrar mi propia voz como feminista decolonial”.

 

Atendiendo a ese lazo, como colección que reúne parte de sus ensayos publicados entre 1987 y 1998, varios influyentes en la teoría de mujeres de color y la filosofía feminista de los EE.UU., y más todavía como libro íntegro, la traducción de Peregrinajes introduce de manera sistemática el pensamiento de María Lugones como filósofa feminista de color a les lectores de Argentina, América Latina y el mundo hispanoparlante. E invita a quienes en esas geografías han venido estudiando y discutiendo Colonialidad y género (2008) y Hacia metodologías de la decolonialidad (2015), a encontrarse y entrar en las ideas y conceptos seminales que forman las raíces de su visión del feminismo decolonial.

 

Mi relación con María Lugones fue multifacética, de familia, amiga, compañera de tango, confidente, de cuidado y salud, y principalmente de formación intelectual y política por casi veinte años en el programa de Filosofía, Interpretación y Cultura y en el centro de investigación homónimo de la Universidad de Binghamton. A manera de prólogo, pensé en escribir sobre el peregrinaje del libro mismo con el sentido de peregrinar y viajar que aprendí con ella. Peregrinar es moverse-con, siempre grupal. Es moverse en tiempo y espacio, y sobre todo atravesando la cáscara dura de categorías que hacen nuestros mundos impermeables. Quiero hacer un ejercicio de movimiento y reterritorialización a partir de tres elementos que ayuden a entender el contexto del libro.

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En primer lugar, esta es una traducción. María Lugones tenía una idea y experiencia clara de lo que la traducción niega o posibilita. Es menester leer con esa idea de fondo. Cuando traducir se apoya en encontrar equivalencias entre palabras y entre realidades, el resultado tiende a ser una generalización aplastante que le hace el juego a la dominación. Contra ese sentido fragmentario, Peregrinajes ha sido traducido y llama a ser leído con un sentido renovado y complejo de traducción, que se apoya en encontrar conexiones mundanas, cotidianas, vividas para interpretar desde allí lo que se está leyendo y darle un sentido subalterno.

 

En segundo lugar, encontrarse con el pensamiento de María Lugones es entrar en el pensamiento de mujeres de color de los EE.UU. Su estilo pedagógico viene en ayuda para conocerlo y entenderlo. Sigue aquí un breve y apretado anticipo.

 

El feminismo de color propone y teoriza la coalición entre mujeres que viven en la intersección de opresiones de raza, género, sexualidad y clase en los EE.UU. Mujeres de color como María Lugones, Audre Lorde (traducida al castellano), Gloria Anzaldúa (traducida al castellano), Patricia Hill Collins (traducida al portugués), bell hooks (traducida al castellano), Jacqui Alexander (traducida al castellano), Cherrie Moraga (traducida al castellano), Bernice Johnson Reagan, Chela Sandoval (traducida al castellano) y Barbara Smith han trabajado sobre la simultaneidad de opresiones enfatizando la formación de subjetividad, y los lazos sociales y normas que los regulan, con una metodología que privilegia la experiencia vivida. Pero lo que plantean no es la descripción presentista, individual, guiada por el autoanálisis de la experiencia, sino que acceden al propio cuerpo, a las relaciones y realidades múltiples en las que la mujer de color es reducida pero también creativa y resistente. Hay un rechazo a hablar solamente desde la opresión y a habitar solamente un sentido oprimido e individual del ser. Y hay un énfasis histórico que presta atención a la colonialidad como un proceso de subjetivación (de inferiorización de la mujer racializada), pero que también hace foco en las prácticas y respuestas (no simplemente reacciones) que no están contenidas o explicadas por la opresión o las estructuras opresivas, es decir, que exceden la opresión.

 

Un ejemplo de este rechazo al sentido unidireccional del ser bajo opresión en el pensamiento y práctica de María Lugones es que nunca dice “soy oprimida” sino “estoy siendo oprimida ↔ resistiendo” para indicar y buscar la posibilidad de exceso en la respuesta del sujeto siendo oprimido.

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Metodológicamente, el pensamiento de mujeres de color no empieza por estructuras macro de poder sino por la incidencia del poder entre y en la gente. Ofrece una crítica de las instituciones, mecanismos y agentes de opresión (Estado, plantación, hacienda, familia, escuela, academia, Iglesia, heterosexualidad, frontera, etc.) sin la rigidez teórica de la abstracción sino como algo que se puede sentir en carne propia y entre la gente. Me viene enseguida a la memoria el “me raja, me raja” y las imágenes de cicatrices y heridas con las que Anzaldúa se refiere al cerco-muro entre México y EE.UU.

 

Finalmente, mujeres de color nombra una coalición más que una identidad. Como proyecto feminista, la política de mujeres de color entiende y busca la coalición entre negras, latinas, chicanas, asiáticas, nativas y árabes de los EE.UU. como el único camino a una libertad que permite que su ser sea, no para ser usado, sino para ser creativo. Es un llamado a forjar coaliciones concretas y sostenidas entre mujeres racializadas basadas en un sentido interactivo y no-dominante de sus diferencias (Lorde) y en una comprensión interseccional de sus vidas que anula meter a todas las mujeres en el mismo abstracto “mujer” a secas.

 

La teorización práxica de una coalición contra múltiples opresiones es en gran medida de lo que se trata este libro. En conversación con el pensamiento comunitarista tanto del anarquismo como del separatismo lésbico de EE.UU., este enfoque coalicional de la praxis política ha sido una de las importantes contribuciones de María Lugones al feminismo de mujeres de color y, considero, es una de las características de su feminismo decolonial. Me refiero a que la propuesta de feminismo decolonial de María Lugones es sobre una reconstitución de lo comunal. Su teorización de la colonialidad de género continúa y amplía la teoría de Aníbal Quijano de la colonialidad del poder. Quijano era colega de María Lugones en la Universidad de Binghamton y en los primeros años de la década del 2000 entablaron una profunda relación que se continuaba en los encuentros y discusiones del grupo modernidad/(de)colonialidad que ambos integraban. 

 

María Lugones encuentra en la teoría de la raza de Quijano un análisis histórico, claro y convincente de un patrón de poder mundial capitalista multifacético. Pero, a diferencia de Quijano, ella posiciona el género y la sexualidad como constitutivos, junto a la raza (y no subsumibles a ésta) del poder colonial. María Lugones ve cómo la subordinación de las mujeres indígenas y las mujeres afrodescendientes, y la indiferencia, complicidad y colaboración de los hombres, incluyendo hombres indígenas y afrodescendientes en esa subordinación, son evidencia de que hemos internalizado la colonialidad de género en nuestras comunidades. Y de allí plantea la necesidad de repensarnos comunalmente para realmente poder escuchar la voz de la mujer indígena, de la mujer afro, y de las mujeres mestizas que se sienten partidas por la herida colonial porque no hay decolonialidad sin decolonialidad de género. En este sentido, Peregrinajes es tan relevante hoy en Argentina y América Latina como cuando se publicó por primera vez en EE.UU. hace dieciocho años, por lo que puede enseñar sobre coalición para repensarnos comunalmente y ayudarnos a navegar las dificultades, contradicciones, miserias e incomodidades de la colaboración política en los diferentes espacios de lucha por la justicia antirracista y feminista.

 

María Lugones nunca da por sentado que la coalición, la comunidad o la solidaridad feministas sean algo dado que se pueda presuponer sea por lazos de sangre o de tradición, o cuestiones legales, o siquiera por compartir intereses o un sentido de identidad. Enseña, en su estilo de educadora popular, los obstáculos que bloquean y las sendas que pueden abrir las posibilidades de compañía resistente y liberadora, de compañía decolonial. Hablar cara a cara, viajar al mundo de les otres, saltar el cerco, andar por ahí, bichar, arriesgar con alegría lúdica el sentido de arrogancia son algunas de las prácticas de la táctico-estratega para ver profundamente en lo social y construir coalición profunda. Tejen una red metodológica que recrea un sentido de lo político, de la praxis política como espacio de una profunda metamorfosis, de un rehacerse a contratrama de la fragmentación social. Una transformación personal y social que es epistémica y ontológica, y que tanto expone nuestra complicidad con las muchas caras de la opresión (como puede ser tomar exámenes de legitimidad) así como nos lleva a expandir el sentido de quiénes somos en relaciones de resistencia.

 

María Lugones piensa a la gente viviendo en intrincadas relaciones históricas y presentes; ninguna persona tiene sentido sola y sin una historia. El capitalismo y la modernidad, le dice la autora a Ortega, borran este carácter largo y amplio del ser relacional. “La colonialidad del género ha sido una manera extremadamente exitosa de dañar la posibilidad de comunalidad en toda clase de relación. Soy partidaria de una coalición entre mujeres que sostenga la posibilidad de ejercitar el ser comunal de una”.

 

¿Puede haber decolonialidad (del género) sin coalición?, es sin duda una de las preguntas y conexiones que este libro llama a interpretar y discutir en compañía.

 

En tercer lugar, este es un libro de filosofía que interviene al nivel del sentido y de la lógica de la opresión y la resistencia. La escritura es densa y compleja y hay que aprender a leer manteniendo abierta la multiplicidad de sentidos que María Lugones habita. A la vez, ella cuestiona la división teoría/práctica, intelectual/activista posicionando su pensar entremedio de la gente y al ras. Guiada por la máxima “no voy a pensar lo que no practique”, María Lugones llama a explorar una mirada creativa de la resistencia, del resistir y del ser en resistencia que empieza por recrear la relación con su madre. Parte de este pensamiento práxico es sin duda su uso de la segunda voz. Te habla a vos. Poco a poco, entretejiendo voces y géneros (memorias y anécdotas, confesiones, poemas, diálogos, teoría) la autora va andando un giro epistémico hacia las diferencias no-dominantes que abriera Lorde (1984). Tanteando con todos los sentidos, María Lugones se mete en los recovecos y expande sus y nuestras posibilidades de estar cómodas con la opacidad y la incertidumbre de la compañía y la comunicación complejas.

 

La manipulación de conceptos que hace María Lugones es un ejemplo de cómo practica la metodología de resistencia que piensa. Por ejemplo, el nuevo vocabulario para pensar la multiplicidad de opresiones que introduce y que ha resultado un importante aporte al pensamiento interseccional. Opresiones entrecruzadas y entremezcladas, oprimiendo ↔ resistiendo, subjetividad activa son algunos de los conceptos que María Lugones crea en la búsqueda de moverse y movernos fuera de los confines del monosentido y la monológica dominante. En la traducción del vocabulario lugoneano buscamos mantener y replicar este movimiento para que se pueda usar y discutir interculturalmente porque el racismo etnocéntrico y la percepción arrogante no son exclusividad del hombre blanco-anglo.

 

Con infinita gratitud y siendo testigo fiel participé en la curación de Peregrinajes para que el pensamiento de María Lugones se siga moviendo en compañías feministas. Para pensar con ella en otras tierras (clases, círculos militantes y activistas y talleres) una percepción de nosotras mismas en nuestras luchas feministas que no borre la tensa heterogeneidad de este nosotras. María Lugones le dice a Ortega “No pienso a [las mujeres de color de] EE.UU. fuera de la posibilidad de coalición con afro-colombianas, afro-caribeñas, afro-bolivianas, o mujeres indígenas o mestizas [de Abya Yala]... Tal vez, va llegando el momento de una coalición [decolonial] y podamos entrar en una historia no meramente de cuestionamientos y desafíos sino también de entretejido de creaciones nacidas en resistencias”.